Siempre he sentido una gran admiración por Sor Juana Inés de la Cruz, nacida el 12 de noviembre de 1651 en la hacienda de San Miguel Nepantla, Estado de México.

Su verdadero nombre fue el de Juana de Asbaje y Ramírez. Era una mujer muy inteligente; a los tres años de edad ya tomaba clases de primeras letras en Amecameca, y a los ocho quiso ingresar a la Universidad de México.

Gracias a su belleza y talento llegó a ser Dama de Honor de la Virreina Doña Leonor María Carreto, marquesa de Mancera, y antes de cumplir los 16 ingresó al Convento de Santa Teresa la Antigua, y luego al de San Gerónimo en el que vivió hasta su muerte acaecida en 1695.

La obra de Sor Juana comprende la poesía lírica, dramática, alegórica, sacra, festiva y popular.

Entre sus obras destacan:

  • “Los empeños de una casa”
  • “Amor es más laberinto”
  • “Poemas de amor profanos son”
  • “Romanos de la ausencia
  • “Las Liras”. 

Sus sonetos comprenden:

  • “A la rosa”
  • “Detente sombra”
  • “A la muerte del duque de Veragua”.

Pocas mujeres mexicanas han promovido tanto los derechos de la mujer como Sor Juana, en una época en que hablar de derechos era una herejía.

Esta extraordinaria mujer se adelantó tanto a su tiempo que fue hasta los años 50 del siglo pasado cuando se concedió a las mujeres mexicanas el derecho a votar y ser votadas.

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