El 13 de agosto de 1521, el conquistador español Hernán Cortés, al frente de un grupo de aventureros y de miles de aliados indígenas opuestos al régimen de Moctezuma, tomaron militarmente la ciudad de Tenochtitlan, capital del imperio azteca.

Estamos a sólo cuatro años de conmemorar el aniversario 500 de la Conquista de México, una fecha que ningún mexicano puede pasar por alto debido a su enorme significado en la actual conformación política, económica, social y cultural del país.

Teniendo en cuenta las circunstancias de esta conquista, en la que cruelmente se abusó por años de los nativos (vale aclarar que ninguna conquista militar respetó nunca los derechos de nadie), los mexicanos tenemos poco para celebrar, pero sí mucho por recordar.

No se trata de lamentar una derrota que costó a este país infinidad de desgracias y 300 años de esclavitud, pues recordemos que fue hasta 1821 en que, gracias a la lucha iniciada por Miguel Hidalgo, México logró alcanzar su independencia.

Tampoco se trata de resucitar una vieja polémica que confronta a las costumbres de la civilización azteca con las traídas por los españoles, polémica que ha dividido, más que unido, a los mexicanos.

Sin embargo, es preciso entender este aniversario como una oportunidad para retomar la historia, volver la mirada al pasado, estudiar con mayor profundidad cómo empezó a formarse desde aquella época la nación mexicana, el nacimiento y desarrollo del mestizaje, clases sociales, virtudes y defectos de su gente, de sus gobiernos, etcétera, con el objetivo de aprovechar nuestras circunstancias actuales y de trabajar por superar nuestras condiciones de vida.

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