Ya llegó la temporada de calor y con ella la posibilidad de disfrutar al aire libre, con días más largos y soleados que ayudan a mejorar nuestro ánimo y a sentirnos más despiertos.

Pero también, con el calor aumenta hasta un 30 por ciento la probabilidad de contraer alguna enfermedad gastrointestinal, ya que este tipo de clima favorece la reproducción de microorganismos que causan estas enfermedades, como hongos o bacterias, que crecen en los alimentos.

Las enfermedades gastrointestinales son todas las que atacan al estómago y los intestinos, y generalmente son ocasionadas por bacterias, parásitos, virus y algunos alimentos, como leche y grasas, o bien, por algunos medicamentos.

Su principal síntoma es la diarrea, que se caracteriza por tener más de 3 evacuaciones en 24 horas, o con una frecuencia mayor a la que se considera normal para la persona. Dichas evacuaciones pueden ser blandas, semilíquidas o líquidas.

También puede estar acompañada por la sensación de seguir evacuando, dolor abdominal o cólico, movimientos en los intestinos, náuseas, vómitos, falta de apetito, fiebre, malestar general y debilidad.

Además, cuando la diarrea no es tratada a tiempo puede ocasionar deshidratación. Los niños menores de cinco años y los adultos mayores son quienes más riesgo corren con esta complicación, pues pierden demasiados líquidos y sales, necesarios para el buen funcionamiento de su cuerpo.

¡Cuidado con la deshidratación!

La deshidratación se caracteriza por tener mucha sed, tener los ojos hundidos y secos, sensación de boca seca, además que causa en quien la padece confusión, decaimiento y poca energía. Para tratarla basta con que el enfermo beba abundante agua y, de ser posible, que tome un sobre de Vida Suero Oral, el cual se puede pedir gratuitamente en el centro de Salud más cercano.

Si la deshidratación no se trata, puede llegar a ocasionar la muerte, por eso es importante que, si la persona deshidratada no quiere o no puede tomar líquidos, acuda de inmediato a su Unidad de Medicina Familiar para que lo atiendan.

¿Cómo prevenir?

  • Bebe suficiente agua. Se recomiendan al menos ocho vasos diarios
  • Hierve el agua durante cinco minutos antes de beberla. También puedes agregar dos gotitas de cloro a cada litro.
  • Lava muy bien las frutas y verduras antes de comerlas
  • Evita comer alimentos crudos
  • Lávate las manos después de ir al baño o cambiar un pañal, antes de preparar cualquier alimento y antes de comer. Enseña a tus hijos a hacer lo mismo.
  • Si te es posible, mantén tus alimentos en un lugar fresco para evitar que se echen a perder muy rápido
  • Mantén limpia la cocina, para evitar que lleguen moscas o cucarachas
  • Revisa la caducidad de todos los alimentos enlatados o envasados
  • Evita comer en la calle, pues no sabes con exactitud qué tan limpios o frescos estén esos alimentos
  • Procura lavar tu tinaco o cisterna al menos cada seis meses
  • Da solamente leche materna a tu bebé hasta los seis meses, para que desarrolle buenas defensas y resista enfermedades

¿Qué hacer si tu hijo se enferma?

En caso de que tenga diarrea intenta hidratarlo con agua y jugos de manzana, pera, guayaba o durazno. Si tolera adecuadamente los líquidos también podrás darle alimentos sin grasas ni irritantes, y evitar los lácteos y sus derivados. También puedes darle gelatina de agua.

Durante el tiempo que dure la infección, lo mejor es que tengas a tu hijo tranquilo y en un lugar fresco, además de tomar con frecuencia su temperatura, para detectar a tiempo si tiene fiebre.

En caso de los bebés, podrás detectar la deshidratación si:

  • Llora sin lágrimas
  • Tiene los ojos hundidos
  • Su piel y su boca se ven secos
  • Su llanto es débil y se queja
  • Está débil y soñoliento
  • Disminuye o desaparece la orina
  • Vomita constantemente
  • En niños menores de un año, se les hunde la “mollera”

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