De que México sabe defender su soberanía no existe la menor duda; lo ha demostrado a través de su historia, sobre todo con motivo de la intervención francesa de 1862 cuando los mexicanos de aquel tiempo mandaron al mundo entero el mensaje de que ni el mejor ejército puede aplastarnos.

En ese año el país se encontraba sumido en una gran pobreza, debido a las continuas guerras internas, razón por la que el presidente Benito Juárez decidió suspender el pago de la deuda externa.

Los países afectados por esta moratoria, Francia, Inglaterra y España, se unieron para formar la Triple Alianza y cobrar la deuda que México tenía con ellos, tomando con sus tropas el Puerto de Veracruz.

El gobierno juarista trató de negociar el pago y pidió a las tropas extranjeras que abandonaran el país, pero mientras las flotas inglesas y españolas regresaron a sus países, Francia se negó a salir, ya que tenía planes para convertir a México en un reino supeditado a la Corona francesa.

Así las cosas, el ejército francés decidió avanzar para ocupar la ciudad de Puebla, fijando para ello la fecha del 5 de mayo de 1862. México hizo frente a la invasión y puso al mando de su ejército al general Ignacio Zaragoza, quien con un magnífico plan de defensa, derrotó a los invasores, contando con la participación de los generales Manuel Negrete, Porfirio Díaz, Felipe Berriozábal y Francisco Lamadrid.

“Las armas nacionales se han cubierto de gloria”, fue el sencillo mensaje enviado ese día por el general Zaragoza al presidente Juárez.

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