El pánico es una sensación de miedo o terror intenso, que hace que quien lo padece sienta que pierde el control sobre sí mismo, que está a punto de desmayarse o que va a morir.

Un ataque de pánico es una reacción de ansiedad muy potente que aparece repentinamente, acompañada por miedo o malestar intenso, y por cuatro o más de los siguientes síntomas:

  •   Taquicardia
  •   Sudoración
  •   Temblores o sacudidas
  •   Sensación de ahogamiento
  •   Opresión o malestar en el pecho
  •   Náuseas o dolores abdominales
  •   Inestabilidad, mareo o sensación de desmayo
  •   Hormigueos o entumecimientos
  •   Escalofríos o sofocaciones
  •   Miedo a volverse loco o descontrolarse
  •   Miedo a morir

Estos ataques pueden durar unos cuantos minutos o hasta varias horas, y también es posible que sólo se produzca uno en toda la vida de una persona o que se repitan con bastante frecuencia.

¿Qué ocasiona un ataque de pánico?

Estas crisis pueden producirse en diversas situaciones, por ejemplo manejando un auto, caminando por la calle, en la escuela o el trabajo, por lo que el afectado intentará evitar estas situaciones por miedo a que la crisis se repita.

Según varias investigaciones, un ataque de pánico ocurre como una falla de nuestro sistema de alarma bajo situaciones estresantes, y cierta vulnerabilidad tanto física como psicológica.También puede darse si existe predisposición familiar a padecerlo, ya sea por la genética de la persona o por lo que ésta aprendió de sus padres.

El estrés, ya sea físico, emocional o mental, suele ser un antecedente común a un ataque de pánico, ya que éste va activando crónicamente al sistema nervioso. Cuando ocurre la crisis, la reacción del cuerpo es similar a la que ocurriría ante un peligro real, pero sin existir una amenaza concreta.

Luego de sufrir el ataque, es común que las personas se sientan agotadas –mental y físicamente-, y que experimenten temor de volver a sentirse mal, provocando un cambio en su conducta habitual y que, por ejemplo, no descansen bien, pierdan seguridad y estén todo el tiempo en un estado de alerta.

Pruebas y exámenes

Como el ataque de pánico suele confundirse con un ataque al corazón, muchas personas con este padecimiento suelen buscar atención en la sala de urgencias.

Allí, el médico realiza un examen físico y psiquiátrico, y una vez que se hayan descartado todos los trastornos corporales, podrá diagnosticarse como ataque de pánico.

¿Cómo tratarlo?

Lo más adecuado es seguir un tratamiento de la mano de un médico profesional. Éste se encargará de recetar los medicamentos necesarios, así como la psicoterapia que mejor funcione, además de dar seguimiento al caso.

También es muy importante que el paciente evite el consumo de alcohol, coma a sus horas regulares, se ejercite con regularidad, duerma bien y disminuya el consumo de estimulantes como cafeína o algún otro tipo de drogas.

Recuerda que ante cualquier ataque, también puedes llamar al 911 para solicitar apoyo a los profesionales.

Trastornos de pánico con agorafobia

La agorafobia es un trastorno de ansiedad que provoca miedo a las situaciones difíciles de evitar y en las que no se puede recibir ayuda en caso de sufrir una crisis. Se empieza a temer, por ejemplo, salir a hacer el mandado, ir a lugares concurridos, salir a hacer ejercicio, viajar en diversos medios de transporte o hasta el simple hecho de salir de casa, por miedo a que se generen ataques de pánico.

Las personas con esta enfermedad comúnmente comienzan a preferir salir acompañados, llevar consigo medicamentos, teléfonos de emergencia o tomar diversas medidas que los hagan sentir más seguros.