Leonora Carrington Moorhead nació el 6 de abril de 1917 en Lancashire, Inglaterra, y como desde muy pequeña mostró gran interés por la pintura, sus padres la enviaron a estudiar arte a Florencia, Italia, donde se maravilló con el arte medieval, las esculturas barrocas y la pintura del Renacimiento. Después ingresó a la aclamada academia Ozenfant de arte de Londres.

Cuando Leonora tenía 20 años viajó a París, donde conoció al pintor alemán Max Ernst, quien era 27 años más grande que ella y quien por aquella época ya era famoso por su estilo surrealista, mismo que Leonora muy pronto dominaría, rodeada de otros importantes exponentes del mismo movimiento, como Joan Miró, Pablo Picasso o Salvador Dalí.

Leonora y Max se enamoraron y comenzaron una apasionada relación en el sur de Francia, donde ella se enfocó de lleno en el espíritu del surrealismo, el cual plasmaba en el dibujo y la escritura. Sin embargo, su relación se vio interrumpida en 1939, cuando él fue declarado enemigo del régimen político francés de aquella época y fue encarcelado. Ante el estrés de aquel suceso y los estragos que la Segunda Guerra Mundial había causado, Leonora sufrió un desequilibrio mental y fue internada en un hospital psiquiátrico, marcando su obra para siempre.

Tiempo después, Leonora escapó del hospital y se casó con el poeta y periodista mexicano Renato Leduc, con quien emigró a México a principio de los años 40.

En nuestro país se rodeó siempre de otros importantes artistas surrealistas, como los también pintores André Bretón o Remedios Varo, con quienes tuvo una gran amistad.

Aquí, ella tuvo su etapa creativa más productiva, pintando cuadros como “El gato” (1951), “La Giganta del Huevo” (1947) o “Todo sobre los mayas”, un mural que está en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Aunque se le conoce principalmente por sus pinturas, también escribió libros muy importantes, como “La Señora Oval: Historias surrealistas”, “El mundo mágico de los mayas” con ilustraciones propias o “En bas”, su autobiografía.

En los ochenta, Leonora comenzó también a fundir esculturas de bronce, en las que abordaba temas que confrontaban la realidad de la vejez.

Todas las obras de Leonora están caracterizadas por un estilo único, en el que combina aspectos de su vida personal con símbolos derivados del ocultismo. Su cercanía con el folclor y el misticismo mexicanos fueron una gran influencia para su obra, combinándolos con un mundo fantástico y creando personajes mitad humano, mitad animal, que generan gran asombro y misterio entre los espectadores.

Leonora murió de neumonía en la Cd. de México el 25 de mayo de 2011.