En nuestro país, el derecho al medio ambiente se incluyó por primera vez en 1999, en el artículo 4 de la Constitución, señalando que “toda persona tiene derecho a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar”.

Años más tarde se reformó, indicando que el Estado debía garantizar el respeto a ese derecho, y que el daño o deterioro ambiental sería responsabilidad de quien lo provocara, según se había establecido en la ley.

Un medio ambiente sano es indispensable para la existencia, la conservación y el bienestar no sólo de la especie humana, sino de todos los seres vivos que habitan en nuestro planeta.

Sin embargo, es muy importante entenderlo como un “bien público”, porque nos pertenece a todos y, por lo mismo, la comunidad general debe defenderlo, cuidarlo y hacerse cargo de que esté en buenas condiciones.

Por este motivo, el Gobierno no es el único encargado de cuidar y respaldar a nuestro medio ambiente, sino que cada uno de nosotros debe cooperar y poner en práctica acciones que no afecten al entorno y los demás seres vivos.

Protegerlo es más fácil de lo que crees y las consecuencias son verdaderamente gratificantes. Además, si le inculcamos a nuestros hijos el amor y el cuidado por nuestro planeta desde que son pequeños, estaremos haciendo que las generaciones del futuro lo vean como algo básico y normal en su vida diaria.

¡Pon en práctica estos sencillos cambios con ayuda de tu familia y amigos!

Recicla:

Probablemente este paso sea el primero en el que pensamos todos cuando hablamos de cuidar al planeta. Pero ¿realmente sabemos cómo llevarlo a cabo? No es muy difícil: puedes empezar por separar la basura en papel y cartón, vidrio y metales, ya que estos materiales pueden ser procesados para fabricar nuevos objetos. Por otra parte, separar la basura orgánica te ayudará a hacer una nutritiva composta para tus plantas, que además de servirte para tener una huerta más bonita y saludable, te permite alimentar a tu familia con productos ricos y sin gastar de más.

Reduce:

Lo mejor que podemos hacer por nuestro planeta es explotarlo lo menos posible. Para reducir, lo primero que debes hacer es preguntarte antes de comprar algunas cosas si realmente lo necesitas, si no tendrás que reemplazarlo muy pronto o si existe un producto similar con menos empaques. Además, también puedes hacer cosas tan sencillas como llevar una mochila o canasto a la tienda al momento de hacer tus compras, para evitar utilizar bolsas de plástico que tardan muchos años en degradarse, apagar la luz y desconectar los aparatos electrónicos cuando no los estés usando, cerrar la llave del agua mientras te enjabonas, o evitar usar platos, vasos o cubiertos desechables y popotes, pues contaminan mucho.

Reutiliza:

Vivimos en una sociedad desechable, que constantemente adquiere productos nuevos en lugar de seguir utilizando lo que ya tiene. Por eso es importante que procures volver a darle un uso a todos los productos u objetos que puedas, de manera que puedan aprovecharse varias veces para su mismo uso, o bien, para uno diferente. ¿Sabes todo lo que puedes usar otra vez? Desde papel o cartón, envases de algunos productos que podemos aprovechar para guardar alimentos u objetos, libros, ropa que ya no nos queda y un sin fin de cosas más que seguro se te vinieron a la mente al leer esto.

Repara:

Este paso tiene mucho que ver con el anterior, pues muchas veces desechamos algunas cosas porque creemos que es más fácil comprarla nueva, pero hay ocasiones en las que podemos reparar fácilmente y seguir utilizando lo que ya tenemos, lo que además nos ayuda a ahorrar dinero. Piensa por ejemplo en esa mochila que tienes y que comienza a descoserse, en los zapatos que se despegaron de la suela o el cuaderno al que se le sueltan las hojas. Si lo analizas bien, es mucho mejor idea coser, pegar o encuadernar esos objetos para seguir utilizándolos en lugar de gastar dinero en unos nuevos y contaminar nuestro planeta.

Recupera:

Recuperar significa volver a tener lo que antes teníamos, por ejemplo, si en frente de nuestra casa o en el parque cercano había un árbol que ahora ya no está, podemos plantar uno nuevo en su lugar, ¡y no sólo uno, sino dos o tres!