Hola, amigos, en esta ocasión quisiera platicarles que el otro día llegó a mí una persona emocionada por contarme un chisme. “¿Eso será algo que me ayude?”, le pregunté, y me respondió que no. “¿Es algo que ayude a alguien?” y me volvió a decir que no. “¿Es algo que te ayude a ti?”, pregunté por último y de nuevo me contestó que no. “Entonces prefiero que no me lo digas”, le respondí finalmente.

El chisme, según la Biblia, está en la lista de los pecados más viles y aún así pareciera ser uno de los pasatiempos favoritos de toda la gente, pero ¿por qué?

Hay personas que, al ver a alguien sobresalir más que ellas, deciden rebajarlo con chismes para justificar sus propios fracasos. Otras personas recurren al chisme si lo que tienen son celos de atención, o también para sentirse vengados si alguien les hizo algún daño.

A lo mejor también puede ser a causa de un mal ejemplo: tal vez nuestros padres lo hacían y por eso es algo natural en nosotros, pero recordemos que es importante despojarnos de los viejos hábitos que no nos hacen ningún bien para poder aspirar siempre a algo mejor.

A veces se crean chismes cuando no se tiene algo mejor que hacer, y por eso quisiera recordarles la importancia de mantenernos ocupados en cosas de provecho, pues el ocio puede orillarnos a cosas poco sanas para nuestra vida, como el chisme.

El chisme puede ser muy dañino para las personas, e incluso separar a las familias y amigos. ¿Has escuchado esa frase de “no es mi intención hablar mal de tal, pero fíjate que…” o “no vayas a pensar que soy un chismoso, pero fíjate que…”?

Los amigos deben confiar el uno en el otro y los chismes sólo siembran desconfianza y recelo.

Por ello me gustaría invitarte a reflexionar sobre la última vez que difundiste un chisme o que accediste a escucharlo, ¿qué de bueno dejó en tu vida? Es probable que no mucho, así que la siguiente vez que el chisme quiera ser parte de tu vida, simplemente haz como yo y dile “No, gracias”.