La hepatitis es una enfermedad inflamatoria que afecta al hígado, el órgano más grande dentro de nuestro cuerpo, encargado de ayudarnos a digerir los alimentos, eliminar las sustancias nocivas de la sangre, almacenar energía, así como retener nutrientes y vitaminas.

En la mayoría de los casos esta enfermedad es causada por virus, y dependiendo de cuál sea el que la produzca, será el tipo de hepatitis que se diagnostique, por ejemplo:

Hepatitis A (VHA)

Esta enfermedad se dispersa principalmente a través del contacto con las heces de una persona infectada, lo cual, puede ocurrir más fácil de lo que te imaginas:

Mediante alimentos preparados por una persona contagiada del virus que no se lavó las manos después de ir al baño.

Al beber agua contaminada o comer alimentos lavados con agua que contenía el virus.

Llevarse a la boca las manos o algún objeto que estuviera en contacto con el virus.

Tener contacto cercano con alguien infectado,  incluso, al atender a un enfermo.

La mayoría de la gente no presenta síntomas, aunque éstos pueden sentirse como si el enfermo tuviera gripe. También puede tener ojos y piel amarillos. Para confirmar si se trata de VHA, hay que realizar un análisis de sangre.

Este tipo de hepatitis mejora luego de unas semanas sin necesidad de tratamiento, aunque hay personas que pueden tener síntomas hasta por seis meses. Para aliviar los síntomas, el médico puede recetar algunos medicamentos.

Para prevenirla se recomienda aplicarse la vacuna, pero también tener una buena higiene: lavarse las manos antes de preparar alimentos, después de ir al baño o después de cambiar un pañal. También se debe procurar no beber agua directamente del grifo.

Hepatitis B (VHB)

Este tipo de hepatitis se contagia por contacto con sangre, semen o algún otro fluido de una persona infectada. Además, una mujer infectada puede contagiarle hepatitis B a su bebé durante el parto.

La hepatitis tipo B también presenta síntomas como los de la gripe y hace que el enfermo adquiera una coloración amarillenta en piel y ojos. Además, puede causar que la orina sea de un color oscuro y las heces pálidas. También existen personas que no presentan síntomas.

Por lo general, este tipo de enfermedad mejora por sí sola al cabo de aproximadamente seis meses, pero si no, se convierte en hepatitis B crónica, que dura toda la vida y puede complicarse y convertirse en cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado. Para evitar complicaciones, una persona con hepatitis B crónica debe visitar al médico por lo menos una vez al año, para recibir supervisión.

Existe una vacuna contra esta enfermedad, la cual requiere tres dosis. Es muy importante que se vacune a todos los bebés, aunque los niños mayores y los adultos también pueden hacerlo.

Hepatitis C (VHC)

Este tipo de hepatitis generalmente se contagia a través de sangre infectada, aunque también puede ocurrir mediante relaciones sexuales con una persona portadora del virus o una madre a su hijo durante el parto.

La mayoría de las personas con este virus no presentan síntomas hasta que el virus provoca daño hepático, lo cual puede suceder después de muchos años. No obstante, algunas personas podrían sentirse cansadas, tener dolor muscular, malestar estomacal, fiebre, pérdida de apetito, diarrea, orina color oscuro, heces color claro y ojos y piel amarillentos.

Generalmente, la hepatitis C no mejora por sí sola, sino que puede llegar a durar toda la vida y posteriormente causar cirrosis o cáncer de hígado. Algunas veces las medicinas ayudan a tratar los síntomas, pero los efectos secundarios pueden ser un problema.

En los casos más graves puede ser necesario un transplante de hígado.

Para prevenir el contagio de este tipo de virus, se recomienda no compartir agujas, utilizar guantes si se tiene que tocar la sangre o las llagas de alguna persona a la que se esté cuidando, evitar compartir cepillo de dientes, navajas de afeitar o cortauñas con otras personas, comunicarle al médico y dentista si se padece hepatitis C, así como usar preservativo durante las relaciones sexuales.

¿Cómo se diagnostica la hepatitis?

En los tres casos, la presencia del virus se confirma a través de un análisis de sangre, el cual debe ser enviado a un laboratorio para su estudio.

Además, si el médico sospecha que una persona padece hepatitis C, también podría sugerir hacer una biopsia de hígado, donde se toma una pequeña muestra de tejido para analizar su condición.