¿Te has puesto a pensar cómo te sientes cuando comes una hamburguesa o un platillo lleno de pan y grasa? ¿Has notado que te sientes adormilado, lleno de cansancio y fatiga? Justo así se siente nuestro cerebro y, así como no te dan ganas de trabajar, al cerebro tampoco.

El alimento es la batería del cuerpo y, a través de  él, obtenemos energía en forma de glucosa que nos ayuda a darle inicio a nuestra maquinaria corporal. El cerebro se alimenta de glucosa, importante para poder despertar, respirar, pensar e incluso realizar actividad física.

Con un desayuno saludable, le ayudamos a nuestro cerebro a ver las cosas de una forma diferente. Mientras tanto, a nuestros pequeños los ayuda a mantener una buena concentración y una mejor atención durante las clases,  pues permite a su cerebro estar más activo y consciente, logrando un mejor desempeño académico y, también importante, un mejor juego en el receso. 

¿Qué es un desayuno saludable? 

No es lo mismo un huevo con jamón que unos chilaquiles, ¿sabes por qué? Porque las proteínas (que obtenemos de la carne, la leche o el huevo) ayudan al cerebro a estar más atento y despierto.

Por el contrario, los carbohidratos (como el pan,  o la tortilla) en grandes cantidades hacen que el cerebro se sienta lento, adormilado y desatento.  Ni tú ni yo deseamos que los niños se sientan cansados en las primeras horas de clase, así que lo mejor es darles alimentos que mantengan a su cerebro activo.

Algunos ejemplos de desayunos saludables con más proteínas que carbohidratos son: huevos con jamón, quesadillas, sándwich de pollo o de jamón y queso,  ensalada de atún con una tostada, o bien, un licuado con poca fruta, nueces y almendras.

Un pan con mantequilla no es saludable para el cerebro, así que  procura que lo primero que tus hijos coman antes de ir a la escuela sean alimentos que contengan proteína, para que sus capacidades se desarrollen al 100%.