En México, se conoce como calabaza “de Castilla” a esa que es grande, anaranjada y redonda, y que en la celebración del “Día de Brujas” es decorada con caras y otras figuras. Otras formas de llamarla son auyama, ayote sazón, calabaza cuaresmeña, de camote, de casco o támala.

Esta especie pertenece al género cucurbita, al igual que la sandía, el melón, el pepino o el chayote y, según los expertos, pudo haber sido domesticada en nuestro país hace más de 8 mil años, es decir, antes que el chile o el maíz.

Actualmente este vegetal es sembrado en México junto con el maíz, y es cosechado en el mes de octubre. Además, gracias a su cáscara dura puede conservarse intacta durante varias semanas, o incluso meses.

Por tener un sabor neutral, esta calabaza es preparada de muchas maneras tanto dulces como saladas, aunque en nuestro país se usa principalmente en platillos dulces o de forma cristalizada.

Sin embargo, cada una de sus partes es bien aprovechada: las semillas se comen como botana o se usan para preparar el pipián, un mole de pepitas originario de Puebla que se sirve con carne de pollo o res; la pulpa es usada en sopas, purés, rellenos o complemento de caldos y guarniciones.

En Chiapas, sus semillas son usadas en recetas regionales, como el tasajo con pepita; en Guerrero, se prepara en conserva y se acompaña con atole blanco y, en Oaxaca, es parte de los ingredientes del chilecaldo, uno de los platillos más famosos del estado.

Además, entre los meses de octubre y noviembre se acostumbra preparar dulces de calabaza y servirlos como rico postre, o bien, colocarlos como ofrenda en los altares que se elaboran para el Día de Muertos.

Además de ser muy rica, la calabaza tiene propiedades muy benéficas para nuestra salud, pues es diurética, ayuda a reducir la presión arterial, funciona como laxante y también mejora la visión. ¡Aprovechemos que ya empezó la temporada de calabaza!