Sin duda alguna, la celebración del Día de Muertos es una de las tradiciones más antiguas y representativas de nuestro querido México.

En este día tan especial, en todo el territorio nacional se vive una fiesta llena de color y folclor, donde la música, la comida y la bebida acompañan a las familias que se reúnen para recordar y conmemorar a sus seres queridos que ya no están en este mundo.

Pero, ¿sabes cuál fue el origen de esta festividad?

El culto al Día de Muertos es uno de los legados que nuestros antepasados nos dejaron y que permanecen más vigentes a la fecha.

Las culturas prehispánicas, aún antes de la llegada de los españoles a nuestro territorio, consideraban que cada persona tenía varios estados para el alma, por lo que al morir, cada uno de nosotros teníamos un destino diferente.

Por ejemplo, según la mitología azteca, Mictecacíhuatl es la reina del Mictlán, la región de los muertos.

Ella, junto a su rey, reciben en su mundo a todos aquellos que mueren por causas naturales, sin importar si eran plebeyos o nobles, ricos o pobres. Eso sí, antes de llegar ahí, los difuntos deben que atravesar un doloroso viaje por el Camino de los Muertos.

Para acompañar a sus difuntos a través de este viaje, los vivos se encargaban de ayudarlos a distancia por medio de un ritual.

Lo primero que hacían era anunciar su muerte con gritos y llantos que realizaban las mujeres ancianas de la comunidad. Luego, el cuerpo sin vida era preparado junto con todos sus objetos personales y era alimentado simbólicamente con los platillos más exquisitos.

Luego de cuatro días, el cuerpo era llevado a enterrar y, según la creencia, era cuando el alma emprendía su trayecto hacia el Mictlán.

Los vivos, cada año durante los cuatro años siguientes, les realizaban enormes ceremonias donde visitaban el cuerpo del difunto, ayudándolo a descansar en paz. Este ritual también servía para facilitar el duelo de sus seres queridos.

Para los aztecas, los muertos no debían ser objeto de olvido ni desprecio, por lo que desde la época prehispánica ya celebraban la Miccailhuintli -o fiesta de los muertitos- la cual iniciaba cuando se cortaba el árbol xocotl y se adornaba con flores. Al árbol eran llevadas ofrendas durante cerca de 20 días.

Además, en el décimo mes de su calendario, se celebrara la Ueymicailhuitl, o fiesta de los muertos grandes. En ésta, se realizaban procesiones que terminaban con rondas alrededor del árbol, se realizaban sacrificios de personas como ofrenda a los dioses y se preparaban grandes banquetes.

También acostumbraban realizar danzas, vestidos de plumas preciosas y cascabeles, así como colocar altares con ofrendas para recordar a los muertos.

Cuando los españoles llegaron se escandalizaron por las costumbres indígenas y poco a poco fueron incorporando algunas de sus festividades católicas, como el Día de todos los Santos y Todas las Almas, dando como resultado nuestro día de muertos como lo conocemos ahora.

Recordando con el corazón

La palabra “recordar” significa, etimológicamente, “volver a pasar por el corazón” (pues re quiere decir “de nuevo” y cor es “corazón”). Y justamente es así como se siente recordar a nuestros seres queridos, ¿no crees?

El investigador Patrick Johnson dice que en la cultura prehispánica, los vivos seguían manteniendo lazos muy cercanos con sus difuntos.  Así, quienes se habían ido de este mundo seguían interviniendo en los actos importantes de su comunidad.

Por este motivo, los vivos los invocaban para la siembra, la cacería o la guerra mediante ritmos mágicos. De igual manera los llamaban para que estuvieran presentes en importantes acontecimientos sociales, como los nacimientos o los matrimonios.

Esto indica que, desde hace muchísimo tiempo, antes de la colonización, los mexicanos nos hemos caracterizado por recordar y venerar a nuestros muertos aún cuando no estuvieran presentes físicamente, haciéndolos parte de nuestra vida.

Así que ya lo sabes, prepárate para este Día de Muertos y, en compañía de tu familia y amigos, recuerden con cariño a quienes ya no están.

¿Y cómo surgió el pan de muerto?

Este delicioso platillo también se inspira en los rituales prehispánicos, donde se realizaban sacrificios humanos como ofrendas para los dioses.

A su llegada, los españoles se horrorizaron de esto y crearon un pan de trigo en forma de corazón, bañado en azúcar pintada de rojo, simulando la sangre.

Poco a poco el pan fue modificándose hasta llegar al que actualmente conocemos.

Su forma circular representa el ciclo de la vida y la muerte; la bolita que se encuentra en la parte superior simboliza el cráneo, las cuatro canillas que lo rodean hacen referencia  a los huesos, acomodadas según los cuatro puntos cardinales.

Por último, el característico sabor a azahar es para representar el recuerdo que se tiene hacia aquellos que ya fallecieron.

Ahora sí, ¡a disfrutarlo!

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