Porfirio Díaz nació en Oaxaca el 15 de septiembre de 1830 y era de origen criollo, hijo de un coronel del ejército que falleció cuando él tenía apenas tres años.

Cuando era un joven entró a estudiar Derecho en el Instituto de Ciencias y Artes, donde fue alumno de Benito Juárez, pero cuando su escuela fue cerrada por el entonces presidente Antonio López de Santa Anna, Porfirio se sumó a la Revolución de Ayutla, para derrocarlo.

Su carrera militar tuvo mucho éxito, pues pronto participó en grandes batallas, como la Guerra de Reforma y la Batalla de Puebla, en 1862.

En 1877, Porfirio logró convertirse en Presidente de México y, cuando terminó en 1880, lo relevó el general Manuel González. No obstante, en 1884 Porfirio volvió a postularse como candidato y retomó la presidencia.

Antes de que terminara su segundo periodo en el poder, Díaz modificó la Constitución para que fuera posible la reelección indefinida, lo que dio lugar al periodo conocido como Porfiriato, en el que gobernó por 30 años.

Durante su tiempo en el poder, Díaz tuvo muchos logros, como que el peso valiera lo mismo que el dólar, impulsó la industria petrolera y de acero, mandó construir más de mil 200 kilómetros de vías de ferrocarril para impulsar el progreso y promovió que varias empresas extranjeras se establecieran en México.

Lamentablemente, la estabilidad social se vio muy afectada, pues cada vez crecía más la diferencia entre el reparto de la riqueza nacional y el descontento de quienes menos tenían sólo se hacía mayor.

Así surgió la Revolución Mexicana, que logró que en mayo de 1911 Díaz firmara su renuncia y huyera a París, Francia, donde murió el 2 de julio de 1915. Y, aunque su último deseo fue que su cuerpo fuera regresado a México, sus restos aún descansan en el cementerio parisino de Montparnasse.

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