Por ahí dicen que el tiempo pasa y no se detiene, y precisamente así es como una vez más estamos cerrando otro año de vida.

Yo siempre he pensado que cada fin de año es una oportunidad importante para reflexionar sobre el aprendizaje que nos deja: puedo asegurarte que algunas personas se fueron de tu vida y otras más llegaron; que te ocurrieron cosas que jamás creíste que sucederían y que, tal vez, te quedaste con ganas de hacer otras tantas; a lo mejor no cumpliste las metas que te propusiste al iniciar el año, pero ¿qué crees? cada día tienes una nueva y maravillosa oportunidad para que logres todo lo que te propongas.

Uno de estos propósitos puede ser el de brindar a tu familia el regalo de cosechar sus propios alimentos o mostrarles la gran satisfacción que genera estar al cuidado de una planta o un huerto.

Al hacer esto no sólo se asegurarán de estar comiendo de forma saludable, sino que será también una oportunidad de gozar de algo eterno, pues vivirán momentos en familia donde todos puedan participar y colaborar, además de ver todo el proceso desde que se siembra una semilla y cómo va creciendo poco a poco.

Para echar a andar tu huerto en casa puedes iniciar plantando no sólo verduras, como jitomates o zanahorias, sino que también puedes intentar con tu planta favorita, como alguna aromática o una que te guste mucho para que decore tu hogar.

Verás que agregar este proyecto a tu 2019 llenará tu vida de sentido y le dará a tu familia importantes lecciones sobre compartir, contribuir y ser parte de lo que la naturaleza nos brinda.

Además, en esta época en la que acostumbramos otorgar amor y regalos a nuestros seres queridos, te invito también a recordar a nuestra madre tierra, que es la que nos cobija con sus climas variados, nos alimenta con sus sabores, nos aromatiza los días y las noches y nos da hermosos paisajes que se convierten en innolvidables fotografías en nuestra memoria.

¿Has observado cómo los cerros se pintan con colores verdes en verano o amarillos en invierno? Cada vez es común ver cómo en el mundo están desapareciendo bosques  y cerros enteros porque no se cuida su vegetación.

Por eso quiero invitarte a darle al mundo el mejor regalo posible: siembra una semilla que dé frutos en la tierra, pero también en los corazones  de los demás.

Me gustaría contarte la siguiente anécdota personal: mi papá sembró muchas plantas en nuestro hogar para que siempre lo recodáramos. Entre ellas, sembró una con la que nos podemos preparar un delicioso té y cada vez que me acuerdo de él puedo ir a tomar algunas de esas ramitas y prepararme uno. Así lo siento cerquita.

Por eso es que esta Navidad te invito a que le des un regalo eterno a tu familia obsequiándoles una semilla que les dure muchos años y también siembres en ellos sentimientos de amor, paz y unión. Dar algo que puede ser eterno trascenderá como un legado universal.

Quiero cerrar el año invitándote a que, si aún no tienes tu huerto familiar, comiences el siguiente año construyendo uno.

Recuerda que aquí estaré yo para apoyarte y adentrarte en el camino de la naturaleza y que, si tienes cualquier duda puedes escribirme y preguntarme, ¡con gusto te contestaré!

Me despido agradeciendo como siempre a nuestra madre naturaleza por todo lo que nos brindó en este año que está por terminar.

¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo! Muchísimas gracias por haberme acompañado y compartir este tiempo conmigo al leer lo que escribo con tanto cariño.

¡Gracias y un abrazo!

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