Muchas veces compramos libros guiándonos por el nombre del autor, por el tema o porque simplemente nos atrae el título o la portada, pero al empezar a leerlo resulta que es enfadoso, “pesado”,  y luego lo hacemos a un lado pensando que algún día retomaremos su lectura, lo que raras veces sucede.

Un autor recomendó en cierta ocasión terminar la lectura de cualquier libro, por enfadoso que fuera, para poder hacer un juicio correcto de la obra, pero pronto entendí que esto es una tortura china, porque hay libros que, con perdón de sus autores, los escribieron para que nadie los leyera.

Un libro debe ilustrar y divertir a la vez: si no te atrapa en las primeras páginas, suéltalo. Incluyo aquí los libros de texto, no porque deban ser divertidos, pero si su principal objetivo es instruir y no te gustan, cambia de oficio.

Al principio no me sentí seguro de esto, pero al conocer la opinión del célebre escritor francés Miguel de Montaigne, quien recomienda abandonar cualquier libro que no te guste, confirmé que estaba en lo correcto. ¡Siempre es posible encontrar algo para leer que cause mucho interés!

Luego conocí la anécdota del escritor norteamericano Washington Irving, autor de “Rip Van Winkle”, quien tenía un amigo al que casi siempre encontraba en las librerías comprando grandes cantidades de libros. No había vez que no saliera de dichos establecimientos con 12 o 14 volúmenes, por lo menos. Un día Irving le preguntó a su amigo por qué compraba tantos libros de una vez, y éste le respondió:

-Pues mira, lo hago por el mismo motivo que encargo todas las mañanas seis huevos para el desayuno. ¡Alguno saldrá bueno!

Así que ya lo sabes, si no te atrapa, no te tortures y cambia de libro. ¡El objetivo es disfrutar la lectura!

Vamos a leer porque el saber te hace valer

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