Para poder vivir mejor en el futuro es necesario crear desde el presente. ¡Bienvenidos al 2019! Espero que hayan tenido unas fiestas navideñas llenas de unión familiar llenas de paz y mucho amor.

En esta ocasión, me gustaría dedicar este artículo para inspirarte a iniciar este año con todas las fuerzas y los ánimos para alcanzar las metas y los sueños que te has propuesto.

Recuerda que esto apenas comienza, y es importante mentalizarnos a que todo lo que nos imaginemos es posible. Yo estoy convencida de que todos nuestros sueños se pueden lograr, ¿sabes cómo lo sé? porque el mejor ejemplo lo tengo al ver la naturaleza y la agricultura en su máxima potencia, dando frutos a nuestra vida.

Quiero compartir contigo la experiencia de tener un huerto en casa:

Cuando vas a la tiendita o al mercado, sólo vas y tomas las frutas y las verduras de manera muy sencilla, pero, ¿en alguna ocasión te has preguntado cómo fue que llegaron hasta ahí? Sí, para llegar a ese preciso momento en el que tú sólo las eliges en la canasta, ¿sabes por todo lo que tuvieron que pasar?

Tal vez sí lo habías pensado, o tal vez no, pero lo importante es que ahora lo estás haciendo. Pues bueno, quiero contarte que todo comenzó con una semilla, tierra, agua, sol y las manos de algún ser humano que la sembró con la fe de que creciera poco a poco hasta llegar a dar el mejor fruto para que, poco después, alguien se deleitara al comerlo y lo llenara de increíbles nutrientes.

Para que esto pudiera ocurrir, fue necesario aportar mucho cuidado, regar constantemente, proteger a la plantita del clima difícil: de la lluvia, el granizo, el viento, y tal vez hasta del fuerte sol.

Así, transcurrió el tiempo necesario hasta que la plantita y el fruto lograron llegar a su punto exacto para que nosotros lo pudiéramos consumir y, una vez que llegó a esa etapa, tuvo que iniciar otro proceso que implicó que fuera recolectado -o cosechado-, lavado, puesto en una caja y llevado en un camión hasta su destino final, es decir, nuestras mano y boca, para poder lograr que nuestro cuerpo recibiera esos nutrientes que necesitamos para crecer fuertes y sanos, y así, vivir muchos años más para cumplir nuestros sueños.

Por ello, en este año me gustaría invitarte a sembrar para cosechar, para que así tu vida no sólo se trate de recoger frutos, sino de tu crearlos. Nosotros podemos sembrar esa semilla. Anímate a hacerlo, en tu jardín, en un patio, en tu maceta, ¡lo importante es aprovechar la oportunidad de ver cómo crece algo que tú mismo has sembrado!

En las próximas ediciones te voy a platicar sobre las semillas que nuestro México ha aportado al mundo, así podremos conocer su origen, su historia, sus cuidados, su producción actual y sus tradiciones. Y lo mejor es que después te enseñaré cómo sembrarlas y cosecharlas, para que sigamos con este legado mundial que nuestros antepasados nos heredaron.

México es uno de los países que más ha contribuido al mundo, así que hay que sentirnos siempre muy orgullosos de ser mexicanos.

Quiero despedirme citando esta frase del biólogo W. Heydecker que dice: “La semilla es el principio y el fin, simboliza la multiplicación y la dispersión, la continuación y la innovación, la renovación y el renacimiento”.

Recuerda agradecer a la naturaleza por todo lo que nos brinda.

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